Entrevistas

Una memoria histórica del más grande existencialista americano: Jack Kerouac.

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Una memoria histórica del más grande existencialista americano: Jack Kerouac.

Por William Burroughs.

Kerouac era escritor. Es decir, escribía. Muchas personas que se hacen llamar escritores y tienen sus nombres en los libros no son en realidad escritores y no pueden en realidad escribir; la diferencia que los separa siendo como la de un torero que lidia con un toro a la de un tonto que hace pases sin un toro presente. El escritor ha estado ahí o no puede escribir sobre ello. Y al ir ahí corre el riesgo de ser corneado. Con eso me refiero a lo que los alemanes llaman acertadamente el Fantasma del Tiempo (Zeitgeist); por ejemplo, un mundo fantasma tan frágil como la Era del Jazz de Fitzgerald; todos los jóvenes tristes, noches de luciérnagas, sueños de invierno, frágiles, frágiles como la fotografía que le tomaron cuando tenía 23 años; Fitzgerald, poeta de la Era del Jazz. Fue allí, lo escribió y lo trajo de regreso para una generación: escribió la Era del Jazz. De ahí surgió toda una generación migrante de camino a México, Tánger, Afganistán, India. 

¿Qué son los escritores? Y limitaré el uso de este término a los escritores de novelas, ¿que intentan hacer? Están tratando de crear un universo en el que han vivido o en el que les gustaría vivir. Para escribirlo deben ir allí y someterse a condiciones que pueden no ser negociables. A veces, como en el caso de Fitzgerald y Kerouac, el efecto que produce un escritor es inmediato, como si una generación esperara a ser escrita. En otros casos puede haber un retraso de tiempo. La ciencia ficción tiene una forma de hacerse realidad. En cualquier caso, al escribir un universo, el escritor hace posible ese universo. ¿Hasta qué punto los escritores pueden, realmente hacer, o qué tan útil es para su oficio representar su escritura en la llamada vida real?

Es una pregunta abierta. Es decir, dependiendo de qué manera lo tomes, ¿estás haciendo que tu universo se parezca más al universo real o estás trayendo lo real hacia el tuyo? El ganador no se lleva nada nunca.

Por ejemplo, Hemingway y su determinación de representar los aspectos menos interesantes de su propia escritura y de ser realmente su personaje fue, creo, algo desafortunado para su escritura. Sencillamente, si un escritor insiste en poder hacer y hacer bien lo que hacen sus personajes, limita el rango de estos. Sin embargo, los escritores se benefician incluso cuando se comete un error; como sucedió conmigo durante una corta semana; me regresan las úlceras de pensar en ello, me dediqué una semana a ser un muy mal ayudante de carterista, no era suficiente y no tenía el toque, de verdad. Caminando por el desierto de las afueras de Brooklyn después de que un vagabundo (como él llamaba los borrachos) se nos acercara al final de Fiatbush, el Marinero dijo: “Nos van a dar una paliza… tienes que esperar eso…”

Me estremecí y no quería esperar aquello y decidí allí mismo que iba a entregar mi copia del Times, la que usé para cubrirlo cuando extendió la mano. Siempre usábamos la misma copia; dijo que la gente trataría de leerlo y se confundiría cuando tuviera un mes, y esto evitaría que nos vieran. Era todo un filósofo, el Marinero lo era… pero una semana fue suficiente antes de que obtuviera lo que “tenía que esperar” — “Aquí viene uno… luces amarillas también…”

Nos metimos en un terreno baldío… hablando al menos por mí, que siempre puedo ver cómo me veo desde afuera, parezco un viajero asustado que agarra su maletín mientras los ángeles infernales pasan rugiendo. Ahora bien, si esto puede parecer una forma cobarde de esconderse, en un terreno baldío, cuando debería haberme dado la experiencia de dejarme inspeccionar por el policía flaco y bajito, con la cara llena de cicatrices de acné, que mira desde ese auto merodeador con los ojos marrones y una cabeza ardiente, bueno, al Marinero no le hubiera gustado eso y tampoco a un cazador blanco le gustaría tener un cliente allí para ser mutilado por un león. Fitzgerald le dijo una vez a Hemingway: “La gente rica es diferente a ti y a mí”. “Sí… tienen más dinero”. Y los escritores son diferentes a ti y a mí. Escriben. No traes de vuelta una historia si te matan. Así que un escritor no tiene por qué avergonzarse de esconderse en un terreno baldío o en un rincón de la habitación durante unos minutos. Está ahí como escritor y no como un personaje. No hay nada más elusivo que el personaje principal de un escritor, el personaje que el lector supone que es el propio escritor, sin más, que realmente hacer las cosas sobre las que escribe. Pero este personaje principal es simplemente un punto de vista interpuesto por el escritor. El personaje principal se convierte entonces en otro personaje del libro, pero normalmente el más difícil de ver, porque se le confunde con el propio escritor. Es el observador del escritor y, a menudo, se siente muy incómodo en este papel y no sabe cómo explicar su presencia. Es objeto de sospecha para el mundo de los no-escritores a menos que consiga escribirlos en su camino.

Kerouac dice en Vanity of Duluoz: “No soy quién realmente soy, sino solo un espía en el cuerpo de alguien que finge estos juegos en el terreno de arena de niños en el campo de vacas que está cerca de la Iglesia de Santa Rita…”.

Jack Kerouac sabía escribir cuando lo conocí por primera vez en 1944. Tenía 21 años; ya había escrito un millón de palabras y estaba completamente dedicado a su oficio elegido. Fue Kerouac quien me decía que debería escribir y llamar al libro que escribí Almuerzo al Desnudo (Naked Lunch). Nunca había escrito nada después de la escuela secundaria y no me consideraba un escritor y se lo dije. “No tengo talento para escribir…” – Lo había intentado un par de veces, tal vez una página. Leerlo de nuevo siempre me producía una sensación de fatiga, repugnancia y aversión hacia esta actividad, como la que debe experimentar una rata de laboratorio cuando elige el camino equivocado y recibe una fuerte reprimenda de una aguja en sus centros de disgusto. Jack insistió en voz baja que yo tenía talento para escribir y que escribiría un libro llamado Almuerzo al Desnudo. A lo que respondí: “No quiero oír nada literario”. Tratar de recordar dónde y cuándo se dijo esto es como tratar de recordar un revoltijo de películas antiguas. La década de 1940 parece estar a siglos de distancia. Veo un bar en la calle 116 aquí y una pieza cinco años después en otro siglo; un marinero en el bar que se tambaleó en la fila de Almuerzo al Desnudo y nos acusó de hacer una referencia burlona a la marina suiza. Kerouac era bueno en estas situaciones ya que básicamente no era hostil. O fue en Nueva Orleans o en Argel para ser más exactos, donde viví en una casa de madera junto al río, o fue después en México junto al lago en el Parque de Chapultepec; hay una isla allí donde anidan apáticamente miles de buitres.

Me sorprendió esta vista, ya que siempre había admirado el trabajo de estas aves en equipo aéreo, algunos rozando unos metros del suelo, otros girando hacia arriba, pequeños puntos negros en el cielo, y, cuando detectan comida, se vierten en un embudo negro; nosotros estábamos sentados a la orilla del lago con tacos y botellas de cerveza.” Almuerzo al Desnudo es el único título”, señalé a los buitres. “Se han dado por vencidos, como los viejos en St. Petersburg, Florida… ¡Salgan y vayan por un poco de carroña, buitres perezosos!”.

 Saqué mi .45 con mango de perla y maté a seis de ellos en una lluvia de plumas negras. Mesa de madera negra en la cabina de ron y Coca Cola Hong Kong Blues en la máquina de discos. Los otros buitres tomaron al cielo; los representaba con Jack, y bastantes de las escenas que aparecieron más tarde en mi novela, Almuerzo al Desnudo, surgieron de estos actos.

Recuerdo que estábamos en el Club Universitario, del cual yo era miembro. un hombre espástico en muletas subió al elevador y se nos ocurrió la idea de hacerlo tropezar y quitarle las muletas para imitar sus contracciones.

Cuando Jack llegó a Tánger en 1957, había decidido tomar su título y gran parte del libro ya estaba escrito. De hecho, durante todos los años que conocí a Kerouac, no recuerdo haberlo visto realmente enojado u hostil. Era el tipo de sonrisa que me dio en respuesta a mis objeciones, de la misma forma en la que un sacerdote sabe que llegarás al camino de Jesús tarde o temprano.

Ahora, desde que era muy pequeño yo había querido ser escritor. A la edad de nueve años escribí algo llamado Autobiografía de un Lobo. Este ensayo literario temprano estaba tan fuertemente influenciado que olía a plagio de un librito que acababa de leer llamado Biografía de un Oso Grizzly.  En él acontecían varias vicisitudes, incluida la pérdida de su amada pareja; al final este pobre oso se adentra en un valle que sabe que está lleno de gases venenosos, puedo ver la imagen ahora, todo está en sepia, el valle lleno de vapores amarillos nitrosos y el oso entrando como un criminal resignado a la cámara de gas.

Ahora, tenía que darle un giro diferente a mi lobo, tan triste por la pérdida de toda su familia que se encuentra con un oso pardo que lo mata y se lo come.

Más tarde hubo algo llamado Carl Cranbury en Egipto que en realidad nunca llegó a despegar… Un cuchillo brilló en el callejón oscuro. Con la velocidad del rayo, Carl Cranbury alcanzó la automática de acero azul que tenía debajo del brazo izquierdo…

Esos textos fueron escritos dolorosamente a mano con gran atención al guion; el proceso real de escribir se volvió tan doloroso que no pude hacer nada más por Carl Cranbury a medida que descendía hacia la Edad Oscura; me refiero a aquellos años en los que quería ser cualquier cosa menos escritor.

Un detective privado, un cantinero, un criminal… Fracasé estrepitosamente en todos estos llamados, pero a un escritor no le preocupa el éxito o el fracaso, sino simplemente la observación y el recuerdo.

En ese momento no estaba reuniendo material para un libro. Simplemente no estaba haciendo nada lo suficientemente bien como para ganarme la vida. En este aspecto, Kerouac lo hizo mejor que yo. No le gustaba, pero lo hizo: trabajo en los ferrocarriles y en las fábricas. Mi tiempo récord en un trabajo de fábrica fue de cuatro semanas. Y tuve la distinción de ser despedido de una planta de defensa durante la guerra. Tal vez a Kerouac le fue mejor porque vio los interludios de su trabajo simplemente como un medio para ganar tiempo para escribir.

Dígame cuántos libros ha escrito un escritor. Podemos suponer, que normalmente, diez veces esa cantidad de libros terminan en repisas o son tirados a la basura. Cualquier escritor pasa gran parte de su tiempo solo, escribiendo. Y así es como recuerdo a Kerouac; como un escritor hablando de escribir o sentado en un rincón tranquilo con un cuaderno, escribiendo a mano. También era muy rápido con la máquina de escribir. Sentías que estaba escribiendo todo el tiempo; que escribir era lo único en lo que pensaba. Nunca quiso ser otra cosa.

Si parece que estoy hablando más de mí mismo que de Kerouac, es porque estoy tratando de decir algo sobre el oficio de escribir y también algo sobre el papel particular que jugó Kerouac en el guion de mi vida. Me había dado por vencido de niño en la escritura, tal vez incapaz de enfrentar lo que todo escritor debe hacer: toda la mala escritura que tendrá que hacer antes de escribir algo bueno. Sería un ejercicio interesante recopilar todos los peores escritos de cualquier escritor, lo que simplemente muestra la presión a la que están sometidos los escritores para escribir mal, es decir, para no escribir. Esta presión es, por supuesto, en parte simplemente el propio condicionamiento que tiene impuesto el escritor desde la infancia; para pensar (en mi caso) en un estadounidense protestante blanco, o (en el caso de Kerouac) en un católico francocanadiense.

Hay muchas otras presiones creadas por grupos bien establecidos de las grandes empresas y los medios de comunicación. Los escritores son potencialmente muy poderosos. Escriben el guion de la película de la realidad. Kerouac abrió un millón de cafeterías y vendió un millón de Levi’s a ambos sexos. Woodstock se eleva de sus páginas. Ahora bien, si los escritores pudieran unirse de una forma realmente estrecha, tendríamos el mundo desde las palabras. Podríamos escribir nuestros propios universos, y todos serían tan reales como una cafetería o un par de Levi’s o un baile de graduación en la Era del Jazz.

Los escritores podrían tomar cargo del estudio de la realidad. Por lo tanto, no se les debe permitir que descubran que pueden lograrlo. Kerouac entendió esto mucho antes que yo. “La vida es un sueño“, dijo: “Mis registros de nacimiento, los registros del nacimiento de mi familia, mis registros atléticos en los recortes de periódicos, mis propios cuadernos y libros publicados no son reales en absoluto. Mis propios sueños no son sueños en absoluto sino productos de mi imaginación despierta…“.

Este es entonces el mundo del escritor; el sueño realizado por un momento en el papel, un momento que casi puedes tocar al final de leer El Gran Gatsby u On the Road. No es que yo esté comparando las dos obras, pero ambas expresan un sueño que fue retomado por una generación. La vida es un sueño en el que la misma persona puede aparecer varias veces en diferentes roles.

Años antes de conocer a Kerouac, un amigo de la escuela secundaria y la universidad, Kells Elvins, me dijo repetidamente que debería escribir y que no era apto para hacer otra cosa. Cuando estaba haciendo un trabajo de posgrado en Harvard en 1938, escribimos una historia en colaboración, titulada: “Twilight’s Last Cleamings“, que usé muchos años después casi textualmente en Nova Express.

Representamos los papeles sentados en un porche lateral del marco blanco de la casa que habíamos alquilado juntos y este fue el lugar de nacimiento del Doctor Benway“¿Estás bien?” —gritó sentándose en el primer bote salvavidas entre las mujeres: “Soy el doctor…”. Años más tarde en Tánger, Kells me dijo la verdad: “Sé que estoy muerto y tú también”. Los escritores están todos muertos y toda la escritura es póstuma. Somos realmente de ultratumba y sin encargos. Toda esta escritura de la 1 am como lo pienso de acuerdo con la forma de escribir del propio Kerouac: la primera versión es siempre la mejor.

En 1945 más o menos, Kerouac y yo colaboramos en una novela que nunca se publicó, y, de hecho, es difícil recordar de qué se trataba; el manuscrito se ha perdido. Parte del material cubierto en esta obra perdida fue utilizado más tarde por Jack en sus novelas: The Town and the City y Vanity of Duluoz. En ese momento, el personaje principal anónimo y gris, William Lee, estaba tomando forma. Lee, que está ahí el tiempo suficiente para ver y escuchar lo que necesita para alguna escena o personaje que usará 20-30 años después en la escritura.

No, no estaba allí como detective privado, cantinero, cultivador de algodón, trabajador exuberante, exterminador; estaba allí en su calidad de escritor. Eso no lo supe hasta después. Kerouac parece que nació sabiendo. Y me dijo lo que yo ya sabía, que es lo único que se le puede decir a alguien.

Tarde o temprano no puedes abandonar al tierno criminal. Un niño muy pequeño quería algo llamado recuerdo autobiográfico. Un librito lo hizo mejor que yo. Sin respuesta a una pulgada de su automática de acero azul… No puedo recordar cuándo escribir se convirtió en una especie de sonrisa hostil tan dolorosa. Los escritores son para escribir dentro. Podían reunirse para escribir y así es como recuerdo que podíamos sentarnos en un rincón tranquilo y ser tan reales como una cafetería. Rápidos en la máquina de escribir, los escritores podían hacerse cargo del tiempo.

Tal vez incapaz de encarar que los libros publicados no son reales en absoluto. Me refiero al papel que desempeñó Kerouac en mi guion, y el papel que yo interpreté en el suyo, puede deducirse de las representaciones enigmáticamente pomposas de Hubbard Bull Lee, que se adaptan fácilmente a las escenas entre Carl y el doctor Benway en Naked Lunch. Kerouac puede haber sentido que no lo incluí en mi elenco de personajes, pero él es, por supuesto, el William Lee anónimo como se define en nuestra colaboración: un espía en el cuerpo de otra persona donde nadie sabe quién está espiando a quién.

Sentado en un porche lateral estaba allí en su calidad de escritor y este era el lugar de nacimiento que Kerouac parece haber nacido conociendo. Es lo único que se puede decir. Sobre el tierno criminal; una joven sonrisa dolorosa.

Esto lo escribo tal y como recuerdo haberlo escrito en la primera barra de café. Rápido en la máquina de escribir.  Kerouac y yo no somos reales en absoluto. Lo único real de un escritor es lo que ha escrito y no su supuesta vida. Todos moriremos y las estrellas se apagarán una tras otra.

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