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La entrevista High Times a William Burroughs

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La entrevista High Times a William Burroughs

Tras años de exilio, el controversial autor americano de Naked Lunch y Junkie, habla sobre Jack Kerouac, la heroína, las experiencias extracorpóreas, el espacio sideral, el poder del cerebro, el shock del futuro, el fascismo y la novela más importante de los 80, su texto: Cities of the Red Night.

“Pienso”; dijo Norman Mailer en 1962, cuando el clásico americano Naked Lunch fue publicado: “Que William Burroughs es el único novelista americano, aún con vida, que posiblemente esté dotado de genialidad”. Burroughs, quien había sido adicto a la heroína por 16 años previo a tomar el tratamiento de apomorfina en Londres en 1956, pasó a convertirse en una importante fuerza innovadora y referente literario, creando no sólo metáforas sino generaciones vivas con mente propia. Junto a Dylan, Lennon, Jagger, Warhol (y otros que seguro surgirán en la mente del lector) se erige como uno de nuestros gigantes.

La gran promesa de los primeros libros y de los primeros experimentos de Burroughs pareció estropearse cuando, cómo él mismo explica, quedó sin su fuente original de material de escritura. Es fundamental entender esto si deseas comprender la carrera de un escritor. Me parece que vale la pena adentrarnos al respecto porque William Seward Burroughs, (cuyo abuelo inventó la calculadora mecánica Burroughs), es un hombre particularmente digno de entender ahora.

Desde el enorme triunfo de Naked Lunch, Burroughs ha sido criticado por escribir libros que han sido demasiado inaccesibles o simplemente malos. (Cabe mencionar que también ha escrito un buen número de textos notables que han sido leídos ampliamente como: Junkie y The Wild Boys). En su intento por llegar a la cima Burroughs experimentó exageradamente con el lenguaje al grado de no solo excederse, sino que también perdió el contacto con una gran parte de su audiencia. Incluso, lo admite hoy día, publicó libros que debieron haberse quedado en sus libretas.

Sin embargo, Burroughs lo ha superado. Esto comenzó a ocurrir cuando regresó a los Estados Unidos en 1973, después de 25 años de exilio (evadió el pago de fianza en Nueva Orleans tras una redada antidrogas) y redescubrió a su joven y creciente audiencia estadounidense. Desde entonces ha ido de hito en hito, dando una serie de lecturas públicas alrededor del país; enseñando y dando conferencias en varios colegios, y siempre escribiendo.

 

Uno de los aspectos más inusuales de la carrera de Burroughs como escritor es que no escribió sino hasta los 34 (luego de algunos intentos fallidos que le provocaban malestares estomacales), bajo el impulso de Jack Kerouac. Siempre resulta intrigante imaginar qué desató el fluir de las palabras de un escritor. En el caso de Burroughs bien pudo haber sido la muerte de su esposa, Joan Vollmer, causada por un disparo accidental en 1949 en México. En ese horrible día se encontraba a sí mismo llorando en la calle; cuando regresó a casa comenzó a beber y se acercó a su esposa para decirle: “Es hora de nuestro acto William Tell”. El calibre 38 falló. Hubo una luz cegadora: su esposa estaba muerta.

Tras el incidente Burroughs comenzó a escribir constantemente. Las notas que luego se convirtieron en Naked Lunch fueron escritas en hoteles y bares de mala muerte de América del Sur y finalmente se les dio forma en las ciudades de Copenhague, Tánger, Venecia y Paris.

“Desde los 13 años leía libros sobre farmacología y medicina. De todos modos, las personas enfermas me molestan.”

Burroughs desarrolló su material de inspiración a partir de sus experiencias tempranas, algunas de ellas están directamente relacionadas a Junkie. En el medio y durante su adicción a las drogas, Burroughs fue exterminador, barista y detective privado. Se arroja algo de luz sobre el escenario desde donde veía la vida a partir de un incidente: “Recuerdo haber intentado entrar como detective privado en el exclusivo restaurante 21 de Manhattan reservado para las estrellas de cine, con el fin de atender a una petición de un ciudadano, teniendo así que hallar la forma de burlar al portero… De niño quería ser un escritor porque los escritores eran ricos y famosos”. Sus autores favoritos eran Graham Greene, Richard Hughes, Joseph Conrad y Raymond Chandler: “Holgazaneaban alrededor de Singapur y Rangún fumando opio en trajes de seda amarillos. Inhalaban cocaína y se adentraban a pantanos prohibidos con jóvenes nativos devotos, fumando hashish y acariciando lánguidamente gacelas domésticas.”

Burroughs pasó su infancia en St. Louis, Missouri, la cual después describió como: “una maligna sociedad matriarcal”.  “Mi primer ensayo literario se llamó ‘The Autobiography of a Wolf’. La gente se reía y me decía: ‘seguro te refieres a la biografía de un lobo’. No, me refería a la autobiografía de un lobo y lo sostengo. Hubo algo llamado ‘Carl Cranbury en Egipto’ que nunca despegó… ‘Carl Cranbury congelado allí atrás en papel amarillo rayado; su mano a una pulgada de su automática de acero azul. En este conjunto también escribí westerns, historias de gánsteres y casas encantadas. Estaba bastante seguro de que quería ser escritor”.

De los 12 a los 15, Burroughs asistió a la escuela John Burroughs. Debido a su salud, a los 15 lo trasladaron a Los Alamos Ranch School. “Desarrollé un apego romántico por uno de los niños en Los Alamos y mantuve un diario sobre este asunto que me disuadiría de escribir durante muchos años. Incluso ahora me sonrojo al recordar su contenido. Durante las vacaciones de Semana Santa de segundo año, persuadí a mi familia para que me dejara quedarme en St. Louis, así que mis cosas fueron empacadas y enviadas a mí desde la escuela. Solía palidecer al pensar en la probabilidad de que los chicos las leyeran en voz alta, unos a otros. Cuando finalmente llegó la caja, la abrí y aventé todo hasta que encontré el diario. Lo destruí inmediatamente sin mirar a las espantosas páginas”.

Burroughs fue a Harvard, estudió literatura inglesa, vivió primero en Adams House y luego en Claverly Hall. De niño su cabello era rubio. William Burroughs tenía 64 años cuando la revista High Times platicó con él.

Entrevista

High Times: En tu nueva novela, Cities of the Red Night, escribes en torno al cambio de cuerpos. ¿Esto es algo que en verdad sucede?

Burroughs: Estoy convencido de que toda la literatura sobre clonación fue un fraude, sin embargo, permanece en el rango de lo posible; y no hay duda de que lo que tú llamas tu “yo” tiene una ubicación definida en el cerebro, y si es posible trasplantarla, lo harían. De hecho, lo que estos médicos de trasplantes han estado trabajando, es en trasplantes del cerebro.

High Times: ¿Has tenido alguna experiencia fuera de tu cuerpo?

Burroughs: ¿Quién no?

High Times: No estamos muy seguros de lo que son.

Burroughs: Te lo mostraré en este momento. ¿Te hospedas aquí?

High Times: En el Lazy L. Motel.

Burroughs: ¿Cómo es tu habitación?

High Times: Un motel estándar con doble cama, alfombra color óxido…

Burroughs: Estás teniendo una experiencia fuera de tu cuerpo. En este momento estás en tu habitación.

High Times: Estaba en medio de la habitación, parado, mirando alrededor.

Burroughs: Eso es bueno, ¿no es así? Pero los sueños también lo son, por supuesto…

High Times: ¿Alguna vez has soñado que eres alguien más?

Burroughs: Frecuentemente. Me observé en el espejo y me percaté de ser negro. Miré mis manos y seguían siendo blancas. Esto es muy común. Usualmente es alguien que no conozco. Me veo la cara y es muy distinta, y no sólo mi cara, sino mis pensamientos. Me he colado en el medio de la identidad de alguien, pero casi siempre me siento más cómodo con la persona en la que me he convertido.

High Times: ¿Cuál es tu mayor fortaleza y cuál tu debilidad?

Burroughs: Mi mayor fortaleza es tener una gran capacidad de confrontarme conmigo mismo, no importa lo incómodo que sea. Mi mayor debilidad es que no sé. Sé que parece enigmático, pero esa es la fórmula general para cualquiera, realmente.

High Times: ¿Recuerdas la primera vez que fumaste marihuana?

Burroughs: No existía una ley federal contra la marihuana sino hasta 1937. Solías poder comprarla en tiendas de novedades y salas de billar. “Hierba morada, de lo mejor que he manejado…” me decía el tipo. Compraba un poco y me la fumaba solo en el baño. Tenía 18 años en ese entonces. Tuvo un efecto maravilloso y me hizo reír a carcajadas.

High Times: ¿Cómo perdiste tu dedo?

Burroughs: Oh… eh… una explosión. Voló toda mi mano. Mira, casi pierdo la mano entera, pero tuve un muy buen cirujano y me salvó varios dedos.

High Times: ¿Fue la explosión de un arma?

Burroughs: No, no, no, fueron, eh… ¡Químicos! Clorato de potasio y fósforo rojo.

High Times: ¿Qué estabas haciendo con eso?

Burroughs: ¡Químicos! ¡Chicos! Tenía 14 años. He tenido interés de por vida en las drogas y la medicina y la enfermedad, y la farmacología fue uno de mis hobbies de por vida. De hecho, tomé un año de medicina en Viena. Decidí no continuar porque los periodos de estudio eran muy largos. Además, no estaba seguro si en verdad me gustaba la práctica médica. Pero siempre estuve interesado en las enfermedades y sus síntomas, venenos y drogas. Desde que tenía 13 años leía libros de farmacología y medicina. De todos modos, las personas enfermas me molestan.

High Times: He escuchado que pronto nuestra esperanza de vida será más larga.

Burroughs: Hay un libro muy interesante sobre el tema: ‘The Biological Time Bomb’ de Gordon Taylor. Plantea que la capacidad de prolongar la vida hasta 200 años no sucederá en 100 años en el futuro, sino en 10 o 15 años (a partir de 1979). Entonces, surge una pregunta: supongamos que todo el mundo va a vivir tanto tiempo. ¿Dónde los pondremos a todos? Ya somos demasiadas personas.

Cualquier tipo de distribución selectiva o agencia que prolongara la vida tendría, por supuesto, muchos inconvenientes. Lo que señala, esencialmente, es que nuestro quebrado sistema social no puede asumir los descubrimientos biológicos que están en camino, siendo este uno de ellos. También tendríamos que procurar aumentar nuestra inteligencia mediante el uso de ciertas drogas. Pero ¿quién recibiría estas drogas?, ¿quién decide quién las recibe?

High Times: Esto apunta hacia una sociedad mucho más controlada.

Burroughs: No creo que lo sea. Algo que señaló Leary, que me parece muy válido, es que Washington ya no es el centro del poder estadounidense, ya no es el centro de nada, es un chiste. Cada vez tiene menos y menos influencia en lo que realmente ocurre. No hay necesidad de que alguien controle todo esto porque todo indica que no podrían.

Supongamos que soy un hombre adinerado y que contrato a un montón de científicos que descubren una píldora de longevidad. Bueno, entonces yo decidiría qué hacer con ella. Se la podría dar a todos mis amigos, o los científicos que la hicieron. Eso es lo que Taylor señala, que nuestro gobierno no podría tomar estas decisiones, así que nadie les pedirá que las hagan. No estarán a cargo. No hay forma alguna de que el gobierno pueda monopolizar la totalidad de los descubrimientos científicos. Así que no creo que obtengamos una sociedad más controlada. La ciencia, por su naturaleza, es muy difícil de monopolizar, porque una vez que algo es conocido se convierte en conocimiento común para el gremio científico.

High Times: ¿La heroína es una droga que debería ser desarrollada y usada con mayor frecuencia?

Burroughs: Básicamente no hay diferencia entre la heroína y la morfina. La heroína es, por volumen, más fuerte, lo que significa que es cualitativamente más fuerte. El dolor que no puede ser aliviado por ninguna cantidad de codeína, puede ser aliviado con morfina. Hay ciertas condiciones como lepra ocular y ciguatera, donde ninguna cantidad de morfina hace bien alguno. En estos casos la heroína es una alternativa más útil. Por supuesto, la heroína debería ser utilizada con mayor frecuencia en la medicina. Están pensando en legalizar su manufactura porque la heroína es mejor analgésico que la morfina y es menos repugnante. Hay situaciones en las cuales la náusea puede ser fatal luego de ciertas operaciones. En esos casos, la heroína es una droga mucho más útil que la morfina. También es mucho más útil para el cáncer terminal.

High Times: ¿Qué es lo que está causando la creciente aceptación de las drogas?

Burroughs: Menos desinformación en los medios hace la gran diferencia.

High Times: ¿Qué es lo que ocurrirá?

Burroughs: Legalizarán la marihuana, y tarde o temprano implementarán alguna forma de uso de la heroína. Muchas personas que apoyan el uso de drogas piensan, realmente, que no hay motivo por el cual intentar aplicar una ley antidrogas, les parece un fracaso a la par de la Prohibición. Eso haría un cambio impresionante. Destruiría completamente el mercado negro de heroína y eliminaría toda la necesidad de una Administración de Control de Drogas.

High Times: ¿En el futuro producirán drogas que realmente puedan ser utilizadas para cualquier cosa? 

Burroughs: Ya están en camino. Muy pronto obtendrán la síntesis de la endorfina. Es un opioide creado por el cuerpo, 30 veces más fuerte que la morfina, que han extraído, actualmente, del cerebro de los animales, particularmente de los camellos, quienes tienen un gran umbral de dolor; y han encontrado que detiene el dolor agudo y alivia sus síntomas. Pero sigue siendo terriblemente cara, $3,000 dólares una dosis. Está en la etapa en la que estaba la cortisona cuando recién salió. Es muy cara. Pero es cuestión de investigar y sintetizar más, porque la maldita FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) entorpece cualquier tipo de investigación. Puede que bien resuelva todo el problema de la adicción, porque siendo una sustancia natural del cuerpo no la hace adicta en sí misma.

High Times: ¿Escribir sobre morfina es muy distinto a escribir sobre marihuana?

Burroughs: Tan diferente como las posibilidades de conseguir una u otra. Las dos drogas se mueven exactamente en dirección opuesta. Un analgésico como la morfina, naturalmente, elimina tu consciencia sobre tus alrededores y cualquier cosa que esté pasando en tu ser físico. No tienes mucha imaginación cuando estás en morfina. Es una orientación muy fáctica. Puedes escribir, puedes hacer cualquier cosa de tu rutina, pero me parece que la morfina es contraproducente al hacer cualquier tipo de trabajo creativo. Es buena para el trabajo de rutina. Doctores y abogados pueden funcionar con ella, banqueros, y, es buena para escribir artículos. No es útil para un escrito creativo porque entorpece tu consciencia.

High Times: Cuando escribías Naked Lunch le dijiste a Jack Kerouac que eras, aparentemente, un agente de otro planeta que aún no había recibido sus mensajes claramente decodificados. ¿Ha sido todo tu trabajo enviado desde otros lugares y tu labor ha sido la de decodificarlos?

Burroughs: Me parece que esto es cierto con cualquier escritor. Lo mejor parece venir de algún lugar… Quizá del lado no dominante del cerebro. Hay un libro muy interesante llamado ‘The Origins of Consciousness and Breakdown of the Bicameral Mind’ de Julian Jaynes. Su teoría señala que las primeras voces fueron voces alucinadas, que todos eran esquizofrénicos hasta el 800 A.C. La voz de Dios venía del lado no dominante del cerebro, y el hombre que obedecía las voces, por ponerlo en términos freudianos, habría tenido un superego y una identidad, pero no un ego como tal ni, por lo tanto, responsabilidad.

Esta estructura fracasó en un momento de gran caos, y luego obtienes la idea de la moralidad, la responsabilidad, la ley y la divinización. Si realmente sabes qué hacer, no necesitas preguntar. La idea de Jaynes era que los primeros hombres sabían qué hacer todo el tiempo; eran llamados, y esto venía de lo exterior. Para nada era sutil, pues realmente veían y escuchaban a los dioses. Así que no tenían algo como a lo que nosotros llamamos “Yo”. Tu “Yo” es un concepto completamente ilusorio. Tiene un espacio en el que existe. Ellos no tenían ese espacio, no existía ningún “Yo” ni nada que correspondiera a ello.

High Times: Se puede culpar a la naturaleza humana…

Burroughs: La naturaleza humana es otro producto de la imaginación…

High Times: ¿A qué me refiero cuando digo naturaleza humana?

Burroughs: Te refieres a que hay una forma implícita en la que las personas son. Me parece que no hay una pizca de verdad en esto. El apabullante rango en el que las personas pueden ser condicionadas pone en duda tal concepto.

High Times: ¿En qué crees?

Burroughs: La idea de creencia también es una proposición sin significado. ¿Qué significa? Creo algo. Ok, ahora tienes a alguien que escucha voces y que cree en esas voces. Eso no significa que sean, necesariamente, reales. Todo tu concepto del “Yo” es una ilusión. No hay tal cosa. Debes poseer algo llamado un “Yo” antes de que hables de lo que el “Yo” cree.

High Times: Parecería que hay una cantidad alarmantemente extensa de palabras que no significan nada y que pululan nuestro lenguaje.

Burroughs: El capitán dice: “el barco se hunde”. Las personas lo calificarían como un pesimista. Si dice: “el barco flotará indefinidamente”, entonces es un optimista. Pero esto no tiene absolutamente nada que ver con lo que está pasando con la condición del barco. Ambas; pesimista y optimista son palabras sin sentido. Todas las palabras abstractas son un sin sentido. Agruparían fenómenos políticos tan disparatados como la Alemania nazi, un movimiento militar expansionista en un país altamente industrializado, y, las condiciones en Sudáfrica. Ambos serían llamados fascismos. Sudáfrica es sólo una minoría blanca que intenta mantener lo que tienen. No es expansionista. Para nada son el mismo fenómeno. Nombrar a ambos como fascismos es como decir que no hay diferencia entre un reloj de muñeca y un reloj de pie.

High Times: ¿Cuál era la atmósfera en Nueva York durante la segunda guerra mundial?

Burroughs: El lugar estaba lleno de uniformados y los negocios generaban una gran cantidad de dinero. Sólo debías tener una lavandería o cualquier cosa y con eso ya contabas con una fortuna, porque todos los servicios estaban estropeados. Sacaban a las personas a la calle para que se pusieran a trabajar en cualquier cosa. Era extraordinario.

High Times: Estabas en Viena en el ‘37. ¿Se sentía que todo el lugar iba a explotar?

Burroughs: Sabían que Hitler iba tras ellos.

High Times: ¿Cómo reaccionaba la gente a Hitler como figura mediática?

Burroughs: Muchas personas en América eran pro-Hitler, y no sólo las personas ricas. Mi tío Ivy Lee solía ser el PR (Relaciones Públicas) de Hitler para la campaña: “Haz negocios con Alemania”, a finales de los años 30. Sostuvo muchas conversaciones con Hitler, y en una de ellas le comentó: ‘No tengo nada contra los judíos’”. El viejo Ivy murió cuatro meses después de esa conversación… de un tumor cerebral. Todo Yorkville en New York era pro-Hitler, secciones enteras de Chicago eran pro-Hitler.

High Times: ¿Qué hallaban de atractivo en él?

Burroughs: Era un libro cuyas manos estaban atadas. Somos gobernados por personas cuyas manos están atadas. “Bueno, me gustaría hacer algo al respecto… pero mis manos están atadas”.

High Times: Desde la perspectiva de tu vida y de tu trabajo en los años 40, 50 y 60’s: ¿Estás sorprendido en torno al estado en el que Estados Unidos y los americanos se encuentran ahora?

Burroughs: Diría que es el lugar más fácil para vivir que puedes encontrar, y es mucho mejor de lo que esperaba. Parecía que se iba a desarrollar en un estado represivo policial y luego eso no sucedió. Uno de los grandes cambios de tuerca fue, incuestionablemente, Watergate. ¿Pero qué son los americanos? Tenemos de todo, desde apareceros hasta físicos atómicos, y ciertamente no hay uniformidad en sus procesos de pensamiento. Es muy poco lo que tienen en común. De hecho, entre americanos, digamos, hay menos en común que en cualquier otra nación. Hay diferencias abismales entre los ambientes rurales y citadinos. Hay muchas diferencias grupales y ocupacionales.

High Times: ¿Estás a favor del gobierno estatal en contraposición al gobierno nacional?

Burroughs: Nada ha venido del gobierno federal excepto gastos y problemas; prohibición. Todo este sin sentido de intentar controlar las drogas. Toda esta institución de Administración Federal de las Drogas está obstruyendo cualquier tipo de investigación. Les tomará cinco años para meter la endorfina en el mercado por la culpa de la maldita FDA, y trabajan por debajo del agua con las grandes compañías farmacéuticas. Son, en realidad, los guardias de las grandes compañías farmacéuticas. Así que entre menos interferencia haya por parte de la burocracia federal, mejor. También están aprobando leyes que afectan estados que tienen problemas completamente diferentes a los de la costa oriental. Estos deberían tener permitido resolver sus problemas mediante sus propios términos.

High Times: Mucho de tu trabajo ha criticado y condenado al planeta como un todo. ¿Actualmente te sientes diferente al respecto?

Burroughs: En cuanto a todo el ciclo de sobrepoblación y contaminación, existe una pésima gestión, y lo que se está haciendo al respecto es muy inadecuado, y ese es solo uno de tantos problemas. También hay proliferación de armas nucleares que causan un problema de polución; el problema de todo el sistema económico, en donde se necesita más y más para obtener menos y menos. Y esta situación es a nivel mundial, no está limitada a la cultura occidental, para nada. Si hay algún método para resolver estos problemas, eso es otro asunto. Francamente, dudo mucho que algo se haga al respecto. La polución ya lleva tiempo, pero llegará un punto en el que alcanzaremos la saturación. En términos de cualquier esperanza o solución posible concuerdo con Timothy Leary: las únicas posibilidades radican en el espacio exterior. En una de sus conferencias recientes sobre las estaciones espaciales, dijo: “Cuando un lugar llega a su medida límite, es señal de que ha sido un éxito y de que es hora de moverse de sitio”, así que: “…Consideren la Tierra una estación espacial”. Tendremos la píldora de longevidad, así que podremos vivir 500, 600, 700 años.

Así que ofrece, a mi parecer, las dos cosas más importantes: inmortalidad y espacio. También señala que los programas serán desarrollados por el capital privado, haciendo algo verdaderamente radical con su dinero. Parecería que es una posibilidad dentro del rango de la tecnología moderna. Esto funcionaría para pequeños grupos de personas, y aparentemente, uno podría seleccionar sus ajustes, así que habría mundos para vegetarianos bisexuales, por ejemplo, y Anita Bryant.

High Times: Pero parece que hay una cantidad limitada de dinero para gastar en el espacio.

Borroughs: Estamos muy cerca del punto en el que el dinero ya no significa nada. Se menciona: ¿Cuánto dinero costará? Esto es un concepto totalmente sin sentido. El dinero determina cada vez menos y menos nuestra realidad. Observa toda esta idea, por ejemplo: Mata a los ricos y quítales todo su dinero. Bueno, mataste a las personas ricas y empezaste a tomar su dinero y ahora tienes muchísimo papel. No significa nada. El dinero no es un factor constante, simplemente un proceso que depende enteramente en la aceptación de su existencia. Ya podemos observar situaciones sin dinero, y creo que cada vez estamos más y más cerca a estas.

En cuanto al comunismo, es una formulación puramente relativa que surge del capitalismo. En otras palabras, no algo independiente en absoluto, y por esta razón es menos flexible y tiene un potencial de supervivencia más bajo. Los días del capitalismo de laissez-faire (dejar pasar) están completamente muertos, y los supuestos del comunismo del siglo XIX están igualmente muertos, porque se basaron en este capitalismo de dejar pasar. Si bien apenas queda rastro de él en los países capitalistas, el comunismo todavía se relaciona con algo que ha estado muerto durante más de cien años.

El comunismo de hoy día se sostiene de estos conceptos irrelevantes, se reúsa a reconocer las contradicciones y fallos de todo el sistema marxista. El comunismo no tiene la mínima idea de cómo cambiar. El capitalismo es flexible, cambia todo el tiempo, y cambia inmensurablemente. Los comunistas, aparentemente, siguen afirmando que no cambiarán, continúan rigiéndose bajo los mismos principios marxistas. Nosotros no tenemos principios. Es una ventaja.

High Times: ¿Te parece que mucho de lo que se dice en los periódicos, en la televisión y en el día a día es un sin-sentido?

Burroughs: Absolutamente, porque siempre están usando esas generalidades. No existen tales entidades como personas. No existe una entidad tal como “americanos”, no hay entidad tal como “la mayoría de las personas”. Estas son generalidades. Las generalidades no tienen sentido. Tienes que apuntar y especificar a tales personas haciendo tales cosas específicas en un tiempo y espacio específico. “Las personas dicen…” “Las personas creen…” “En el consenso de la opinión médica informada…”.

Bueno, en el minuto en el que lees esto, sabes que quien dice esto no puede especificar nada, no sabe sobre quién está hablando, sobre dónde y cuándo. Sabes que escuchas declaraciones sin sentido.

El consenso de la opinión médica era que la marihuana volvía locas a las personas. Bueno, podemos echarle la culpa sobre esto a Anslinger. Todo lo basó en torno a un médico indio que consideraba el uso de la marihuana como un motivo para el encarcelamiento en una institución mental. Por lo tanto, se “mostró” que la marihuana volvía a la gente loca. Uno siempre debería confrontar las generalidades. Davis, el jefe de policía de Los Ángeles, escribió una columna sobre la pornografía en la que decía: “Estudios han mostrado que la pornografía lleva al desastre económico”. Alguien respondió: “¿Qué estudios? ¿Dónde están esos estudios?”.

High Times: ¿Por qué la escritura sigue atrasada respecto de la pintura?

Burroughs: No hubo ninguna invención que forzara a los escritores a moverse, a diferencia de la fotografía, que fuerza a los pintores a moverse. Hace cien años se pintaban vacas en el pastizal, pintura representacional, y se veían como vacas en el pastizal. Bueno, un fotógrafo lo pudo haber hecho mejor. Ahora, un invento que podría subordinar un tipo de escritura, podría ser la grabadora, que puede grabar discursos subvocales, las denominadas corrientes o flujos de la consciencia. En la escritura siempre estamos interpretando lo que la gente está pensando. Bueno, me parece que sólo es mi punto de vista, una aproximación. Supongamos que tengo una máquina en la que pudiera grabar discursos subvocales. Si verdaderamente pudiera grabar lo que alguien piensa, no habría ninguna necesidad, para mí, de interpretación.

High Times: ¿Cómo funcionaría esta máquina?

Burroughs: Sabemos que el discurso subvocal involucra movimiento de las cuerdas vocales, así que simplemente es un tema de sensibilidad. Hay un ruido conectado al discurso subvocal, podemos obtenerlo. Probablemente se podría hacer dentro del rango de la tecnología moderna, pero aún no ha sido hecho.

High Times: Las personas absorben y repiten las letras de las canciones de rock, por este motivo son muy efectivas. ¿Piensas que la palabra impresa puede llegar a ser una herramienta comunicativa más eficaz de lo que es, aunque las personas no anden por ahí recitando pasajes de los libros en sus cabezas?

Borroughs: Pues… sí lo hacen.

High Times: Bueno, no todas las personas.

Burroughs: Muchas personas no saben de donde viene lo que está en sus mentes. Mucho de ello viene de los libros.

High Times: De todos modos, las palabras acompañadas por música tienen un mayor efecto en las personas.

Burroughs: Esto se entiende bien con la teoría bicameral del cerebro. Si puedes ir directo al lado no-dominante del cerebro, dalo por logrado. De ahí vienen las canciones que suenan solas en tu cabeza, del lado derecho del cerebro. Curiosamente, lo más interesante sobre el libro de Jaynes es toda la evidencia clínica en torno a las personas que han perdido varias áreas de sus cerebros. El lado no-dominante del cerebro puede cantar, pero no puede hablar. Puedes decirles a estas personas: Ok, si no lo puedes decir, cántalo.

High Times: ¿Fue Kerouac el escritor que más cercano sentiste de tu generación?

Borroughs: Jack sugirió el título Naked Lunch, y me empujó a escribir cuando en realidad no estaba interesado en ello. Pero estilísticamente, o en cuestión de influencias, no me siento nada cercano a él. Si tuviera que mencionar a los dos escritores que más han afectado mi escritura serían Joseph Conrad y Denton Welch, no Kerouac.

High Times: ¿Kerouac buscaba todas esas experiencias para poder escribir sobre ellas?

Burroughs: Diría que estaba ahí como escritor y no como rielero o cualquier otra cosa que se suponía que era. Decía: “Soy un espía en el cuerpo de alguien más. No existo como lo que debería de existir”.

High Times: ¿Era eso lo que lo hacía infeliz?

Burroughs: Para nada. Es la verdad de todo artista. No existes como un reportero de periódicos, como un doctor o como un policía, existes como escritor.

High Times: Parece que perdió el contacto con las personas, por lo que terminó…

Burroughs: Todos los escritores pierden el contacto. No diría que Kerouac era particularmente miserable. Tenía un problema de alcoholismo. Lo mató.

High Times: ¿Cuándo fue la última vez que lo viste?

Burroughs: 1968. Había estado en la convención de Chicago y Esquire me puso a disposición un cuarto en el Hotel Delmonico para escribir una historia. Entonces Kerouac vino a verme, en ese momento vivía en Lowell, tenía unos hermanastros mayores, uno de ellos estaba a cargo de una licorería. Intentaban evangelizarlo. Consumía demasiado, obtuvo otra habitación en el hotel y se quedó hasta tarde, ordenaba botellas de whisky y las tomaba por la mañana, es una práctica horrenda para mí. Así que hable con los hermanos griegos, ya sabes: “Terrible, consume demasiado y no está haciendo el trabajo…” Esa fue la última vez.

High Times: ¿Platicaron mucho?

Burroughs: Bueno, estaba tomando demasiado. Fue al show de Buckley y le dije: “No, Jack, no vayas, no estás en condiciones de ir”. Aun así, fue esa misma noche. Allen Ginsberg fue. Se marcharon al día siguiente. Fue la última vez que lo vi. Murió un año después. Cirrosis, hemorragia masiva.

¿Alguna vez has escuchado hablar de un escritor llamado Denton Welch?

High Times: ¿Quién era?

Burroughs: Bueno, era algo así como el punk auténtico, y su padre lo llamaba Punky. Manejaba una bicicleta cuando tenía 20, y un imbécil lo atropelló y lo dejó lisiado para el resto de su vida. Murió en 1948 a la edad de 33, después de haber escrito cuatro libros excelentes. Era un gran escritor, muy precioso.

Me gustaría terminar la entrevista recomendando un libro maravilloso a los lectores: ‘In Youth is Pleasure’ (‘En la juventud está el placer’), de Denton Welch. ¿A dónde irás después?

High Times: Al club 21.

Burroughs: ¿Todavía existe el 21?

High Times: No sólo existe, lo creas o no, tiene el mejor bistec tártaro senegalés del mundo. No podrías ni imaginarlo.

Burroughs: Preferiría sentarme fuera en un taxi y ordenarlo para llevar. Cena en el club 21, querido, oh querido. Nunca he sido aceptado en ese lugar.

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