Entrevistas

La entrevista High Times a Hunter Thompson

Johnny_Deep_interpretando_a_Hunter_Thompson

La entrevista High Times a Hunter Thompson

La primera vez que vi a Hunter Thompson fue en 1970, en la competencia estadounidense de carreras de yates, en la cual, Hunter había montado un gran y poderoso yate, se estaba preparando para navegar a toda velocidad justo en mitad de la carrera en curso (esto fue un poco después de su espectacular pero fallida carrera en la oficina de Sheriff de Aspen, Colorado, en una competencia por el “Loco Poder Capitalista”). Cuando abordé el gran yate, encontré a Thompson en la plataforma de comando, masticando un

puñado de pastillas de psilocibina, lleno de preocupación por el pretencioso establecimiento de navegación en Newport.

Nunca logramos aumentar el nivel de los contendientes por la copa y la revista Scalan se fue a la bancarrota antes de que Hunter escribiese una crónica sobre el fracaso; pero si aprendí una cosa: es un sujeto que entiende la importancia de la perspectiva. Él navegó con los Hells Angels y en el proceso de adquirir una perspectiva única se ganó una brutal golpiza. Cargó su carro, su flujo sanguíneo y sus neuronas de drogas peligrosas para impartir una conferencia sobre el cateo de drogas; tornó esa experiencia en Fear and Loathing in Las Vegas, una muestra brillante sobre la exploración del lado oscuro de las drogas en el punto más alto del poder de Nixon.

Cuando en 1972 le dio cobertura a la campaña presidencial como editor de asuntos internos para la Rolling Stone, su periodismo fuera de control y a tope sobre las drogas, su propia mezcla patentada de paranoia, pesadillas, imprudencia y mal humor, llenaron a los nerviosos agentes del Servicio Secreto con miedo y aversión hacía la campaña presidencial. Desde entonces, Thompson se convirtió en una especie de personaje nacional con millones de personas siguiendo las publicaciones del “Unce Duke”, en el Doonesbury, con desnuda comicidad.

Este año también, Thompson tuvo otro especial refugio para su muy distintiva perspectiva: se ha reportado ampliamente que se ha vuelto un amigo muy cercano con Jimmy Carter y de su círculo íntimo desde 1974, cuando escuchó el famoso discurso de Carter en el            Día de la Ley. Curiosamente, ha habido más artículos especulando sobre Thompson, su relación con Jimmy Carter y Jann Wenner. Nunca ha puesto su propio rol en perspectiva hasta ahora. 

ENTREVISTA

High Times: ¿Cómo ha cambiado tu actitud hacía la política desde que escribiste sobre la elección presidencial del ‘72 en Fear and Loathing in Las Vegas?

Thompson: Probablemente el estaría despedido. Empezando con Kennedy, donde tenías una suerte de atracción por el presidente, y era muy importante que estuvieras de acuerdo con él y que él estuviera de acuerdo contigo y así sabrías que está de tu lado. Ya no me importa una mierda si el presidente está de mi lado o no, siempre y cuando me deje en paz, ni me mande a una guerra o me arreste. El presidente debe de ocuparse de los negocios, que se preocupe de las tiendas y deje a la gente en paz

High Times: ¿Has tenido una ideología en el sentido liberal o conservador, o siempre fuiste un anarquista?

Thompson: Creo que el sentimiento que desarrollé después del ‘72 es que todo apego extremo al presidente o a la presidencia es muy peligroso. Creo que el presidente debe de ser un empresario.

High Times: ¿Entonces desarrollaste una teoría de desapego por la Casa Blanca?

Thompson: Creo que he perdido el interés respecto a si es un asunto de vida o muerte quien quede electo en esto o aquello. Quizás estoy perdiendo la fe en la ideología o en los políticos; quizás en los dos. Carter, a mi parecer, es un ególatra, lo cual es bueno porque tiene un horrendo ejemplo de lo que ocurriría si cometiera un error. Yo no seguiría los actos de Nixon y Carter tampoco quiere hacerlo. Aquel tiene un largo historial de asuntos turbios: Watergate, Vietnam, Bay of Pigs, y creo que está al tanto de que el más pequeño error por su parte puede desencadenar algo que ensuciará su imagen en la siguiente generación de textos… si es que está en la próxima generación.

No creo que le importe mucho a Carter si es percibido como un “liberal” o como un “conservador”, pero sí le importa que él sea percibido, por los votadores de hoy y por historiadores de mañana, como un presidente exitoso. No llevó a acabó este raro viaje de Horatio Alger desde Plain Georgia hasta la Casa Blanca para ser detenido por un montón de opositores en el Congreso; que es exactamente lo que está ocurriendo ahora, y esas personas están cometiendo un tremendo error si piensan que se están metiendo con un político más, y no con una persona perseverante. Jimmy Carter es eso mismo, y las personas saben que no quieres toparte con gente como esa ni por accidente.

No lo digo para defenderlo, sólo quiero enfatizar que nadie en el Congreso ni en ninguna parte que planee ponerse en el camino de Carter se queje de la bestia a la que se está enfrentando. Él se encuentra en otra liga en la que mucha de la gente de Washington ni se imagina.  Esa es una de las razones por las cuales es presidente y una de las primeras que noté cuando lo conocí en Georgia en 1974; un total desprecio por los políticos profesionales o las ideologías convencionales.

Su concepto de populismo político es una mezcla extraña de pragmatismo y mucho idealismo religioso que de vez en cuando, al menos para mí, y especialmente cuando escucho unas grabaciones de conversaciones que tuve con él entre el año ‘74-’75, da la impresión de coquetear con el anarquismo… Por lo cual me interesó desde el inició; y por lo que aún va en esa dirección. Sólo Dios sabe en qué cree ahora y en qué se convertirá después cuando sienta que está siendo amenazado por el Congreso, por el Kremlin, La Standard Oil o cualquier cosa. No guardará una lista con los nombres de sus enemigos, porque no necesita tal lista; tiene una memoria formidable.

Thompson: Básicamente siempre me he considerado un anarquista, al menos en lo abstracto, pero de vez en cuando tienes que salir de la fantasía y lidiar con la realidad. Estoy interesado en la política, pero no como ideología, simplemente como un arte de autodefensa; eso es lo que aprendí en Chicago.  Me percaté de que nunca debes de darles la espalda a los bastardos pues justamente eso es lo que harán, traicionarte y no tener piedad de ti, y tienen el poder para hacerlo.  Cuando sienta la necesidad de regresar a la política, lo haré, escribiendo o participando en ella. Pero mientras no sea necesario hay muchas formas para pasar el tiempo. Comprar opio en Singapur o ir a un burdel en Maine, ser un asesino a sueldo en Rodesia. Un soldado de la fortuna, un geek profesional que hará lo que sea por dinero.

High Times: Has recibido muchas críticas debido a tu entusiasmo por el discurso de Carter en el Día de la Ley, en Atenas, Georgia. ¿Todavía apoyas a Carter?

Thompson: Comparado con los demás políticos, me inclinó por Carter. Si estoy de acuerdo con él en todo, ese es otro asunto. Carter me pondría en la cárcel si me viera inhalando cocaína frente a él. Él nunca me seguiría al baño para inhalarla. También intentaría atraparme en la movida, son esos pequeños detalles.

High Times: En su discurso por el Día de la Ley, Carter citó a Bob Dylan. ¿Crees que a Carter le importa la música de Dylan de la misma manera que a nosotros?

Thompson: Escuché algunas canciones de Dylan en su casa, pero fue porque eran los discos de sus hijos. Yo no creo que suba a su cuarto por la noche, se recuesté en su cama y lea la Biblia en español mientras escucha Highway 61.

High Times: ¿Por qué no has escrito nada sobre la campaña de Carter y el juicio de 1976?

Thompson: Iba a escribir un libro sobre la campaña del ‘76, e incluso en ese tiempo ya estaba investigando. Me comencé a poner nervioso al respecto. Supe que, si escribía otro libro sobre la campaña, de alguna manera sería arrestado.

Obviamente si hubiera publicar un libro sobre la campaña del ‘72 me hubiera convertido en un periodista conocido; hubiera sido visto como el historiador de las campañas presidenciales de Kennedy.  Hubiera estado atrapado en la política nacional de una u otra manera, se hubiera convertido en mi medio de subsistencia.

De ninguna manera puedes hacerte pasar por un mago en Washington, no debes usar ese rol y menos si resides en Woody Creed, Colorado. Me hubiera tenido que mudar a Washington o por los menos a Nueva York… y, ¡por Dios! La vida es muy corta para tanta agonía. He puesto y aun pongo mucho esfuerzo en mi trabajo, y no quiero renunciar a él a menos que necesariamente tenga que hacerlo. Me mudé a Washington en 1972 y fue una pesadilla.

Sí, definitivamente tuve la tentación de escribir otro libro sobre la campaña de electoral; especialmente si hay mucho dinero de por medio; pero aún y cuando estuve necesitado de dinero supe que sería un error fatal. No fue hasta que escribí sobre las campañas electorales que me percaté en lo que me estaba metiendo. Apenas tenía dos días en Nueva Hempshire cuando supe que no lo lograría. Veía mis huellas por todos los lados a los que iba.  Todas las pequeñas cosas por las que sentía algún interés, incluso las más pequeñas, los pequeños detalles más esotéricos de las campañas electorales parecían increíbles la segunda vez que meditaba sobre ellos. Además, cada día perdía la incomparable ventaja del anonimato. Eso era muy molesto, porque en el ‘72 podía decir lo que quisiera contra quien fuera y nadie sabía quién era. Pero en el ’76, ¡por Dios! Tuve que firmar más autógrafos que los propios candidatos.

A través de un intrincado proceso llegué a la campaña del 72 como un completo desconocido, periodista aficionado, a diferencia de la generación del ‘76 dónde era un periodista con cierto renombre. Cada vez se hacía más incómodo y difícil el trabajo, incluso las pequeñas ventajas que tenía dentro del medio se tornaban desventajas.

High Times: ¿Se convirtió en una figura pública?

Thompson: Sí, gracias a nuestro amigo Trudeau.

High Times: ¿Gerry Trudeau lo consultó antes de involucrarlo en la revista “Doonesbury” como el “Uncle Duke”?

Thompson: No, nunca lo vi, nunca le hablé. Era un día sofocante en Washington y yo estaba bajando las escaleras de la Suprema Corte buscando a alguien, Carl Wagner o alguno de ellos.  Poco después dentro de una sala de prensa vi a una gran multitud. De pronto gritaron: ¡Uncle Duke! Escuché las palabras “Uncle” y “Duke” y parecían no tener sentido. Eché una mirada y vi a un montón de extraños riendo y señalándome. No tenía idea de qué carajos hablaban. No sabía de qué iba toda esta mierda. Fue una experiencia rara.

High Times: ¿Entonces toda está fama fue un inconveniente para intentar regresar a la campaña?

Thompson: Era imposible pues ya no podía permanecer en el anonimato, de modo que pudiera seguir con un comportamiento normal, que usualmente, en términos de campaña electoral, era ilegal o peligroso o los dos. Generalmente se asumía que era culpable y sí que lo era.

High Times: ¿Por lo que encontró refugio en una especie de hermandad?

Thompson: ¿Qué? No, Nunca he tenido mucha fe en conceptos como “Hermandad”, especialmente en política. De lo que estamos hablando es de una nueva generación de políticos altamente competentes y también de una nueva generación de periodistas políticos, que son extremadamente serios y competentes en su trabajo. Quien pudiera tener unos oscuros o cuestionables gustos que se los reserve para la noche en su privacidad.

Porque ningún candidato presidencial quiere saber, y mucho menos explicarlo en una conferencia de prensa, los rumores que circulan en torno a sus escritores de discursos, estrategas, y hombres claves, quienes a muchos de ellos se les ve en las noches, incluso nueve u once noches seguidas, frecuentando tres o cuatro veces un motel, y esto durante algo tan importante como una campaña electoral.

Ellos usualmente no quieren escuchar estas cosas, ni, aunque fueran verdad y en la campaña del ‘76 sí que lo fueron, aunque no en el sentido en el que dirigíamos una orgía en dopamina, justo en medio de una campaña presidencial, pero sí era cierto que quizás por primera vez hubiera un club secreto de drogadictos con personas de muy alto perfil, así como trabajadores locales y voluntarios – y así casi para cualquier candidato, aún para los más serios y comprometidos… También era cierto que muchas de las conversaciones más importantes e incluso despiadadas de la campaña se llevarán acabó en este club secreto de drogadictos.

Con todo, era un lujo poder pasar la noche juntos tomando unas cuantas botellas de Wild Turkey o de Chivas Regal con un buen sonido escuchando a Buffett o a Jerry Jeff o The Amazing Rythm Aces… con unos tabacos colombianos y un gramo o dos de cocaína; además de sentirnos relajados unos con otros, después de sufrir todo el día lidiando con la mierda de las personas, y para ser honesto todo esto pasaba justo en medio de la campaña. Ahí sabías qué candidatos estaban realmente desesperados por el dinero, quién había dicho la mentira más ridícula y quien había hablado con total honestidad.

En muchos sentidos era la mejor parte de la campaña, lo único que podía hacer con un puñado de personas en el ‘72 y en el ‘68. Pero en el ‘76 fuimos capaces de crear un club nocturno que trascendía todos los noticieros y estar alejados del ojo público, creo que en realidad nos ayudó a estar más relajados y concentrados en lo que debíamos hacer.

Podría ilustrar lo que digo de una mejor manera si hiciera alusión a personas y a situaciones concretas, pero no puedo hacer eso ahora por la misma razón por la que no podía escribir sobre la campaña en ese momento. Todos entendemos eso, y la única vez que hice referencia a este club fue usando frases en código como “Tapping the Glass

High Times: ¿Puede explicar lo qué es ‘Tapping the glass’?

Thompson: Bueno, es una de esas frases en código que uso cuando escribo, es una técnica que utilizo para escribir sobre algo que sé que podría lastimar a algunos amigos, pero así no saben a qué me refiero; como trabajar en dos o tres niveles al mismo tiempo.

High Times: ¿Si leemos una de sus historias en una escena donde usted dice: “Tapping the Glass” con un ayudante de campaña de Carter…?

Thompson: Eso significa que inhalábamos piedras de cocaína en un vaso, en la mesa o en un espejo, hacíamos todo eso a propósito; pero no necesariamente con un ayudante de Carter. El verdadero asunto de esto es que había muchísima gente Tapping the Glass en la campaña del 76, nunca sabías quien podría llegar al club. También muchos apartidistas. Te podrías encontrar a Udall o a Shriver Staffers, y junto con ellos a muchos de Birch Bay y la los ayudantes de Fred Harris. Hasta George Wallace iba de vez en cuando; y claro que muchos periodistas.

High Times: Increíble. ¿Durante el día reportaba sobre las campañas presidenciales y durante la noche estaba inhalando cocaína con esos mismos importantes políticos?

Thompson: En ese entonces no eran tan importantes.

High Times: Ok. Ya que estamos hablando sobre el uso de la droga durante la campaña del ‘76 ¿No es obvio que algunos de ellos estén en la Casa Blanca?

Thompson: Pues sí, alguno sí, no nos detengamos con eso ahora. No queremos causar pánico a nivel nacional afirmando que una maldita banda de adictos a la cocaína conduce el país – aunque posiblemente ese sea el caso – no importa quién gané las elecciones.

High Times: ¿Los tiempos definitivamente cambian no? Pero Carter ganó la elección; concentrémonos en eso por el momento.

Thompson: Claro, veamos qué tan lejos podamos llegar sin que nos encierren.  Y mientras tanto rentemos una hermosa villa en Argentina, solo por si acaso mi amigo Jimmy es están irritable como siempre dije que es. De cualquier forma, estamos hablando de un pequeño grupo dentro de la Casa Blanca. No de Cy y Ziggy y de la gente, los verdaderos profesionales que trabajan para cualquiera, Carter Jimmy Brown. Carajo, ellos trabajarían para mí si yo hubiera ganado la elección.

High Times: ¿Los colaboradores cercanos de Carter son unos adictos empedernidos?

Thompson: Espera, yo nunca dije eso. Por un lado, el término adicto empedernido tiene una connotación rara y despectiva; y por el otro, estamos hablando de un grupo muy reducido de todos los equipos electorales. No son ningún tipo de adictos o locos, es gente que trabaja y se siente muy confortable con drogas como la marihuana, alcohol o cocaína justo como son y no somos raros ¿o sí? Claro que no, somos un montón de gente agobiada por el trabajo que necesita relajarse de vez en cuando, tener un poco de diversión.

High Times: ¿No se sintieron nerviosos, o no estuviste nervioso, cuando todos se juntaban para inhalar cocaína?

Thompson: Bueno supongo que debí de esperar la misma diferencia entre las campañas del ‘72 y del ‘76 y las celebradas en el ‘68 y el ‘72. Cuando fui a Nueva Hampshire en el 68 era un total desconocido. Yo, junto con Bill Cardozo, era el único que fumaba marihuana de los periodistas. Pero en el ‘72 ocurrió revolución en el sentido en el que mucha gente comenzó a fumar Hash e inhalaba cocaína sin ocultarlo.  Por lo tanto, debí esperar algo similar para el ‘76, pero no he pensado en ello. En el ‘76 me sorprendió ver que la cocaína ya era tan popular como lo era la marihuana en 1972; nadie lo ocultaba y tenía cierta condición de lujo. En 1972 el uso de la marihuana era considerable por el equipo de McGovern, en el 68 era en el de McCarthy, pero para 1976 ya la consumían todos.

High Times: ¿Entonces lo que estás diciendo es que el uso de las drogas era un secreto a veces, del que no podías escribir por ser parte de él?

Thompson: Sí, por primera vez me enfrenté al problema de saber demasiado.

High Times: ¿Dirías que era bueno o malo?

Thompson: Creo que era algo muy bueno, era la oportunidad perfecta para sentarte a platicar con quien fuera; en cualquier otra circunstancia nunca lo harías, pasar el rato y platicar con la verdadera franqueza de si debieses continuar trabajando ahí.

High Times: Mucha gente se pregunta cómo es que lograste salir de ahí incólume. ¿Por qué no estuviste en prisión después de escribir sobre el uso de drogas durante las elecciones? ¿Has pensado que el Servicio Secreto te investigó después de que comenzaste a escribir estos artículos sobre todas las drogas que has consumido?

Thompson: No, hice las paces con el Servicio Secreto a inicios de 1972 en una fiesta en el Bitmore Hotel aquí en Nueva York después de la primera victoria de McGovern; había unos diez agentes en el cuarto. Tres de ellos obviamente estaban fumando hierba. Su mirada de espanto cuando entré ahí… cuando ellos me vieron entrar al cuarto… fue un grandioso momento donde los confronté. Yo no quería estar ahí, ellos no querían estar ahí. Inmediatamente tiraron el porro, pero todo el cuarto apestaba a marihuana.

High Times: Y todos sabían que tú sabías.

Thompson: Por supuesto, decidí no escribir sobre eso, o por lo menos en ese entonces.

High Times: ¿Has tenido otro incidente con el Servicio Secreto después de ese?

Thompson: Ninguno, excepto cuando intentaron echarme de la Casa Blanca por todo el asunto de la sustitución de mandato. Le grité al guardia Nazi ‘chupavergas’ o algo así. Para poder regresar debí prometer que no volvería a decirle a nadie nazi chupavergas.  Al día siguiente, le hice señas al guardia para hablar con él, acudió a mí, después prometí no volver a decirle de esa forma y me dejaron volver.

High Times: Algunos de tus fans se preguntan si alguna vez te verán hacer alguna de las cosas que describes en tus artículos. Has narrado muchos sucesos escandalosos personales asociados al uso y abuso de las drogas en tu libro sobre Las Vegas, de los cuales afirmas que todos son ciertos, excepto uno en el cual relatas que te quedaste paralizado después de consumir adrenalina extraída de las glándulas suprarrenales de un humano vivo.

Thompson: Si yo admitiera eso, sería como decir que yo he cometido un asesinato de primer grado, sería sumamente ridículo pensar que maté a un niño sólo para así poder probar su adrenalina.

High Times: En el libro usted nunca dice que mató a un niño. Sólo menciona que la consiguió.

Thompson: Correcto. Yo dije que mi abogado la consiguió con un cliente suyo. Lo que quería decir, era lo que uno siente normalmente después de inyectarse adrenalina lo cual se acerca a otro mundo totalmente distinto.

High Times: ¿Alguna vez ha tenido ese sentimiento? ¿Una descarga así de fuerte de adrenalina?

Thompson: Claro que sí. Siempre que es necesario. A veces ninguna otra cosa funciona. Cuando debes quedarte despierto por cinco días y cinco noches… y ninguna otra cosa funciona, ni siquiera el polvo. Entonces te inyectas adrenalina. Pero debes de ser muy cuidadoso.  Primero, nunca te la inyectes en la vena. Eso es idiota. Pero aun así debes de tener mucho cuidado si no quieres perder el control sobre ti, lo cual pienso que es exactamente lo que me pasó en Las Vegas.

High Times: Siempre pensé que hablabas con una metáfora, diciendo: “Me agrada trabajar sintiendo adrenalina”.

Thompson: Sí, pero especialmente mí adrenalina, soy especialmente adicto a ella. Me cuesta mucho lograr algo si no me autoimpongo una fecha límite.

High Times: ¿Cómo es drogarse con adrenalina?

Thompson: Usada adecuadamente es la mejor de las drogas que te aceleran, en la cual no hay desenfrenos, a menos de que te excedas en ella.  Nunca me agradó acelerarme. Pero cuando es necesario utilizo la aceleración como gasolina, un mal necesario. La adrenalina es muy agradable pero muy perversa si te excedes. La cagué en un hotel en Austin, Texas. Fui muy descuidado, me inyecté en la pierna sin pensarlo y me olvidé de la vena, saqué la aguja y al poco rato noté que algo estaba mal. En el baño, el lavabo estaba limpió, las cortinas estaban limpias; miré al espejo y el extremo de mi había mucha sangre, miré el piso y todo estaba rojo. Ahí sentí una pequeña punzada, una descarga de energía. Podías ver un líquido saliendo de mi pierna y subiendo por las cortinas hasta el techo, pero el piso estaba empapado en sangre.   Pensé: “¡Oh, Dios! ¿Y ahora qué?”. Volví al cuarto y me recosté en la cama, le dije a la gente que había ahí que se salieran todos; después esperé 20 minutos y pensé en esas horribles historias sobre Janis Joplin; ya sabes, O’Dingen un hotel, Jim Morrison… Jimi Hendrix… las agujas. Pensé que forma tan mediocre de morir –me daba un poco de vergüenza. Después de 20 minutos nada pasó. Luego me comencé a poner muy nervioso y pensé: “Oh Dios, vendrá todo de un solo golpe. Tiene efecto retardado, como esos flashbacks de ácidos que llevan prometiéndome por tantos años”.

High Times: ¿Sabe cuándo tendrá esos flashbacks?

Thompson: Llevo esperándolos por mucho tiempo.

High Times: Alguna vez le pregunte a un amigo suyo el por qué usted apoya tanto a Carter y este tipo dijo: “Básicamente, Carter es un tipo muy conservador y también lo es Hunter”. ¿Usted cree que eso es cierto o más es bien es un tipo que se ha vuelto loco?

Thompson: Lo último me parece más acertado. Un buen tipo que se volvió un poco raro. Esa es una buena frase. Una que no negaría; sólo lo admitiría.

High Times: ¿Tuvo una educación muy estricta en Louisville Kentucky, no es así?

Thompson: Bueno, era un joven delincuente, pero un buen delincuente juvenil. De los que usan calcetines blancos y andan con playeras de Oxford por todos lados, también usaba traje. Era un buen disfraz para robar en las vinaterías. Descubrí que funcionaba como coartada. Si actúas mostrando toda tu rareza, cosas muy malas pueden pasarte, si eres tan raro como yo lo soy. Si actuara tal y como pienso, no estaría mucho tiempo en las calles.

High Times: ¿Alguna vez ha sido arrestado?

Thompson: Claro, en varias ocasiones. Aprendí sobre el mundo penitenciario mucho antes que la mayoría de las personas. Entre la edad de 15 y 18 años entraba y salía de la cárcel a cada instante. Generalmente por comprar alcohol siendo menor de edad o por arrojar 55 galones de gasolina en medio de la calle. También fui expulsado de la escuela por violación; no creo que fuera culpable, pero que demonios ocurrió. Teníamos el hábito de robar entre cinco o seis six de cervezas para beber en el fin de semana. Ese viernes fue el mismo que me expulsaron. Hicimos lo usual, robamos cervezas. Tomamos unas cuantas y las arrojamos al jardín del superintendente de la escuela; después, a la una de la tarde arrojamos por las ventanas de su casa las demás latas de cerveza llenas de explosivos. Las oímos explotar, ya en la cocina, en la sala, en su habitación; todas las ventanas reventaron. Vamos ¿qué tipo de demente haría eso? Veinte granadas caseras fabricadas con latas de cerveza… ¡Para arrojarlas y hacer explotar una casa! Las colocamos de modo que tardaran diez minutos en explotar.

High Times: ¿No sientes que alguien pudiera atraparte? 20 granadas fabricadas con latas de cerveza es bastante ¿No cree que se excede en estas afirmaciones?

Thompson: No me excedo. Fue, para mí una venganza, algo así como un último recurso. Fui expulsado por algo que no había hecho, y nunca he pensado en hacer.

High Times: ¿Cómo reacciona ante algo así?

Thompson: No lo sé. Es interesante siempre reacciono de diferente manera. Lo principal es investigar contra quien te enfrentas y bajo qué reglas puedes jugar. Fue una de las pocas veces que me metí en problemas, sin estar bajo el efecto de las drogas o del alcohol. Tenía una magnum cal .44 cargada en la guantera, una botella de Wild Turkey abierta en el asiento del copiloto. Pensé que era el momento oportuno para poner a prueba un viejo consejo que me dio un amigo abogado hippie: bajar la ventanilla del auto y tirar mi licencia. Justo cuando estaba en ello, la puerta del copiloto se abrió y vi un resplandor que me cegó, detrás del brillo había una magnum .57 apuntándome a la cara. No les importaba una mierda mi licencia. Me sacaron del carro violentamente y me pusieron contra una pared.

Comencé a decir algo acerca de mis derechos constitucionales y me respondieron “adelante, demándanos”, y me patearon las piernas. Eventualmente me rendí y pagué una fianza de 35 dólares porque era mucho más fácil que discutir. Recién había comprado el carro, era un Saab, la noche anterior había arrojado mi Ford Ingles por un acantilado en Big Sur, 400 pies al fondo del océano, lo había incendiado justo antes de tirarlo.

Desde ese entonces decidí llevarme lo mejor que pude con la policía de la Carretera de California. Tenía un sticker de la Asociación nacional de Rifles en la parte trasera de mi auto, para que así cada policía pudiera verla, también llevaba una insignia de policía en la cartera, eso me ayudó mucho.

High Times: Releí ‘Fear and Loathing in Las Vegas’ el verano pasado, me encantó, pero no puedo evitar pensar que es un libro muy triste llenó de remordimiento por lo que te ocurrió en San Francisco.

Thompson: No, no realmente. Pienso que todo el tipo de humor que uso tiene un toque de melancolía y rareza. Por ello considero a Joseph Conrad uno de los más grandes humoristas de todos los tiempos.

High Times: ¿Continuabas experimentando con las drogas cuando escribió el libro?

Thompson: No, en cierto sentido pensé que era una última experiencia con las drogas; pensaba que Nixon y Mitchell y todo ese tipo de gente pronto harían imposible para todos vivir unas aventuras como las que escribí. No sería un asunto pequeño. Creí que podrían arrancarte la cabeza.

High Times: ¿Entonces es una exploración de paranoia terminal?

Thompson: Más bien, fue una exploración sobre una era que ya está llegando a su fin.

High Times: Tal vez nos podrías contar sobre el nacimiento del periodismo Gonzo. ¿Fue en el artículo sobre Kentucky Derby que hiciste para la revista Scalon en 1969?

Thompson: Creo que es importante remontar todo a una cena que tuve con Jim Salter, un novelista que tiene un estilo continental. Fue una de esas largas cenas europeas con mucho vino donde Salter me dijo: “Bueno, el Derby se acerca. ¿Estarás ahí?” Entonces pensé que era una buena idea.

En ese entonces trabajaba para Warren Hinkle en la revista Scalon. Inmediatamente llamé a Hinkle y le dije: Tengo una idea, debó ir al Derby. Es el más grande espectáculo que produce el país. Eran las tres de la mañana o algo así, pero Hinkle sabía de lo que yo hablaba. En ese entonces aprendí a odiar a los fotógrafos, aún lo hago.  No soporto trabajar con ellos. Entonces propuse trabajar con un ilustrador para ese reportaje, tenía a Pat Oliphant en mente. Hinkle aceptó mi propuesta.

En menos de una hora todo ya estaba arreglado, Oliphant no estaba disponible, pero Ralph Steadman venía en camino en el primer vuelo hacía los Estados Unidos. Ya teníamos todo acordado: yo iría primero a Louisville a hacer mi parte del trabajo y después me encontraría con Ralph ahí.

No recuerdo si al día siguiente me tomé el día libre. Todo el asunto tomó menos de 24 horas. Llegué y el lugar estaba a tope, no había cuartos disponibles y ni se podía pensar en entrar a la sala de conferencia. La fecha límite había sido tres meses antes.  Me tomó dos días enteros obtener dos kits de prensa. No sé realmente cómo lo logré. Engañé a alguien de forma atroz, le mentí diciendo que veía de una importante revista sueca llamada Scalon de renombre internacional, además enviaban a un famoso artista ilustrador para dibujar el Derby para el British Museum, o algo así le dije. Accedieron a darme un par de todo lo que tuvieran, excepto para la casa club y la barra de bebidas. La casa club es donde se reúnen Goldwater y todas las celebridades, creo que esos accesos los robamos.

De cualquier modo, obtuvimos acceso total a todo incluyendo dos gigantescas latas de mace (gas pimienta) … eso estuvo mal, feo. La sala de prensa estaba en el piso justo por encima de la sala del gobernador. Tenía está lata de mace. No estaba seguro por qué; quizás para las discusiones; el mace es muy bueno para terminar discusiones. Escondí la botella en mi mochila, pero no encontré un motivo para darle uso.  Era una necedad tenerla. Justo antes de que comenzará el Derby, estábamos en primera fila en la sala de prensa, en el techo, y de la nada la utilicé más de tres veces justo por encima de la oficina del gobernador. Tomé a Ralph y le dije que nos fuéramos de ahí cuanto antes. Nadie le hace eso al gobernador en su sala de prensa. Simplemente no se hace, no hay motivos para hacerlo. No supe que ocurrió después que nos fuimos, no volvimos a regresar.

Dos días después, Ralph terminó los dibujos. Me quedé para terminar el reportaje, pero no había mucho sobre qué escribir. La situación del estado de Kent ocurrió el lunes después del Derby; eso era en lo único que podía pensar en ese entonces. Al final viajé a Nueva York, fue ahí cuando el miedo comenzó a apoderarse de mí.  Gran parte de la revista ya estaba prácticamente lista para imprimirse en San Francisco; excepto por mi crónica, que era la más importante, por tratarse del Derby. Tuve, o por lo menos así lo creí, tener un bloqueo creativo o lo que sea que se entienda por eso.

Estaba recostado en la tina en un buen hotel. Me hospedé en una suite y tenía todo lo que quería; excepto que no podía salir. Después de tres días de no escribir más de dos páginas, ese tipo de ansiedad/depresión se apoderó de mí, provocándome un serio bloqueo. Enviaban mensajeros cada una o dos horas para copiar lo que había escrito, la presión silenciosamente se apoderó de mí, no la podía percibir del todo pero sabía que estaba ahí.

Al tercer día de ese horrible encierro, me metí a en la tina por tres horas mientras bebía whisky White Horse directo de la botella – sólo recostado en la tina mientras pensaba: “Muchas veces me he dejado llevar por la corriente, pero ésta ha sido demasiado.” No tenía alternativa, tenía que escribir algo pronto.

Al final, comencé a arrancar las hojas de mi cuaderno de notas, pues escribía y dibujaba constantemente en él, todas mis anotaciones eran ilegibles. Además, eran difícil de poner en la fotocopiadora. Comencé a mandar esas notas, cuándo envié la primera con el mensajero, esperaba con temor que en cualquier momento sonara el teléfono, y me ofendiera o me amenazara quien quiera que fuera el editor en Nueva York. Mientras esperaba, me acosté en la cama y miré televisión.

Esperaba un torrente de mierda y gritos… al cabo de un rato el mensajero volvió y me pidió que escribiera más.  Entonces pensé: “Bueno si es lo que quieren”. Por fin veía una luz al final del túnel. Tal vez estaban locos, pero ¿qué me importa? De hecho, llamé a Hinkle que estaba en San Francisco y le pregunté si quería más notas similares, me dijo: “Por su puesto, es un muy buen material”.  Entonces comencé a escribir como loco. Sólo que gran parte de lo escrito era a mano; ya me había dado por vencido con la máquina de escribir; escribía página tras página de mi cuaderno de notas, Hinkle estaba encantado. Con todo, estaba lleno de pena y lástima; al final, era el peor cagadero en el que me había metido.  Además, casi siempre había sido muy puntual con las fechas de entrega, no con ningún placer, pero entregándolas.  Esta vez también lo había conseguido, pero ¿a qué costo? De la forma más barata y holgazana que había encontrado, como ese touchdown tan dudoso de Oakland contra Miami; lo hicieron todo mal y de una forma muy dudosa, pero contó.

Lo imprimieron palabra por palabra incluso las pausas, irregulares y muchas digresiones. Me sentí aliviado de no hundir la revista por no tener la historia de una forma decente, regresé a Colorado muy preocupado; pensaba: “Mierda, cuando esto salga mucha gente me va querer partir la cara”.

Pero ocurrió justo lo contrario. Inmediatamente después de su publicación comencé a recibir muchas llamadas y cartas. La gente lo tomaba como una nueva forma de hacer periodismo, un nuevo paradigma. Entonces pensé: “¿Qué bola de pendejos piensan eso?”  Una de las cartas la había enviado Bill Cardozo, editor de la Boston Globe Sunday Magazine en ese entonces. Lo escuché usar el término Gonzo cuando realicé un reportaje en Nueva Hampshire en el ‘68.  Significaba “alocado” algo “único y distinto”. Una frase que siempre asocié a Oakland. Pero Cardozo dijo algo así como: “Olvida toda la cagada que has estado escribiendo hasta ahora, esto es lo Gonzo en su más puro estilo. Este es el inició, continúa así”. Gonzo, claro que sí, eso es lo que había estado haciendo todo este tiempo. Tal vez estoy loco.

High Times: ¿Era inteligencia pura?

Thompson: Bueno, creo que es más que eso…No olvidemos que ya tenía para ese entonces diez años en el negocio. Sé que tengo algo de talento, lo que sea que signifique. Algunos son buenos haciendo dinero, otros jugando basquetbol. Yo sé usar las palabras a mi ventaja, lo cual es muy útil.

High Times: ¿Hay algunas historias que usted aún no haya publicado?

Thompson: Todas mis mejores historias no las he publicado. Cada vez me convenzo más de que no puedo escribirlo todo. Hay sólo un libro que quiero escribir, todos los demás son sólo para pagar la renta.

Ese será el único en el que no habrá dudas de si miento o no. Sí, habrá algunas interrogantes, pues la verdad es mucho más rara de lo que uno pueda escribir. Atacaré a cuanta gente pueda – con toda sinceridad, nada de mentiras, incluso escribiré sobre mis propias acciones. Al demonio con el sueño americano. Escribamos como si fuera un suicidio.

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Lista de Deseos 0
0
0